Revisión diaria ligera
En el día a día, el primer nivel de mantenimiento es casi invisible. Tomamos dos o tres minutos al inicio de la jornada para pedir a la IA un resumen de lo que quedó pendiente ayer y de los compromisos nuevos. Con esa foto breve, elegimos un puñado de tareas clave y las anclamos en bloques concretos. El resto pasa a una lista de espera que revisaremos después, sin contaminar el foco de la mañana.
Revisión semanal honesta
Una vez por semana, dedicamos un espacio algo más largo a revisar cómo ha envejecido la lista. Miramos tareas que han cambiado varias veces de fecha, bloques que nunca se respetan y proyectos que se mueven solo en teoría. La IA señala patrones, pero somos nosotros quienes decidimos si hace falta trocear, delegar o directamente cancelar.
Limpiezas de fondo programadas
Cada cierto tiempo, cuando notamos que el sistema empieza a pesar, activamos una revisión profunda. Exportamos todo, dejamos que la IA marque posibles duplicados y pendientes caducados, y volvemos a pasar por el ciclo de podar, reescribir y recolocar. Es el equivalente a vaciar el taller, limpiar el banco de trabajo y volver a colocar solo las herramientas que realmente se usan.
Ajustes continuos en segundo plano
Entre revisión y revisión, la IA trabaja en segundo plano. Sugiere reagendados cuando detecta sobrecarga en un día concreto, propone reagrupar tareas similares y recuerda pendientes que dependen de respuestas de otras personas. No toma decisiones por ti, pero evita que pequeños descuidos se conviertan en montañas imposibles.